La vuelta al mundo

I

En el salón del baile de la naturaleza
dadme, oh doncellas, una plaza
y en vuestro laberinto regaladme
la tiranía de una sola noche
en vuestras sábanas,
oasis de belleza y de ignorancia.

Que alguna nube no me deja revelaros
el Oriente de mi cabeza.

No reprochéis que haya tardado. Esperadme.
Mi soledad era un reloj de arena.
Por mis fauces pasaban las arenas
como quien pasa del vacío al fuego.

No lloréis mi partida hacia otros rayos.
Soy como este árbol. Moriré
por la cumbre.

Que un viaje es un motivo para hablar
de Hombre a Mujer, mientras las calles
suben y bajan al compás de las venas;
tantas calles tan bellas en que todo
el mundo grita y pregunta por qué
hay un cadáver dormido en el aire.

II

Desde mi infancia vengo, mirándolas, oliéndolas,
gustándolas, palpándolas, oyéndolas llorar,
reír, dormir, vivir;
fealdad y belleza devorándose, azote
del planeta, una ráfaga
de arcángel y de hiena
que nos alumbra y enamora,
y nos trastorna al mediodía, al golpe
de un íntimo y riente chorro ardiente.

Que el sol las libre de la esclavitud
de señorial prostitución manchada.
Que hasta sus lechos suban las aguas cada noche
a mojar sus deseos ya quemados
por la ilusión tiránica del fuego.

Cuando arden las mujeres, joyas son sus sonrisas
cortadas como rosas de súbito encarnadas
por el rubor real de las quimeras.

Cuando ellas se consumen, clamo a la eternidad
porque son fuego, y nada sé
de sus cráneos de finos y orgullosos cabellos,
de sus pechos de sol. Yo sólo sé
que nada sé, pero que las mujeres
mi vida eterna son.

III

Sol de libertinaje:
llamas del sacrificio de la noche.
Lenguas vivas, cortadas; olvidadme.
Mis estrellas erróneas. Muertas rosas.
Abandonadme. Huidme.

Padezco. Palidezco.
Nazco. Renazco, y oigo
la música del mar que toca a muerto,
y aprieto el -paso bajo el torbellino
rojo de vuestra sangre.

Cómo me libraré del movimiento
si, a cadena perpetua,
estáis a mi furor encadenadas?
Sois la carne real de mis visiones
libres de hadas, sin mar ni mariposas.
Sois la pasión según mi corazón.

Oid en el silencio
los latidos
de lo terrestre y temporal, el viento
vengador de las trágicas doncellas;
"No moriréis, y seréis como diosas".

IV

Si ha de triunfar el fuego sobre la forma fría,
descifraré a María, hija del fuego;
la elegancia del fuego, el ánimo del fuego,
el esplendor, el éxtasis del fuego.

Fuego que cierta noche fue fauna y flora frágil
entre mis brazos. Fuego corporal y divino.
Animal fabuloso. Sagrado. Desangrado.

Novia. Animal gustado noche a noche, y dormido
dentro de mi animal, también dormido,
hasta verla caer como una estrella.

Como una estrella nueve meses fijos
parada, estremecida, muelle, blanca.
Atada al aire por un hilo.

Por un hilo estelar de fuego arrebatado
a los dioses, a tres mil metros fríos
sobre la línea muerta del Pacífico.

Allí la cordillera estaba viva,
y María era allí la cordillera
de los Andes, y el aire era María.

Y el sol era María, y el placer,
la teoría del conocimiento,
y los volcanes de la poesía.

Mujer de fuego. Visible mujer.
Siempre serás aquel paraje eterno.
La cordillera y el mar, por nacer.
La catástrofe viva del silencio.

-Esta es la voz que hablaba por mi voz a María,
mi amada, mi perdida sonámbula vidente.

Yo me pondré tu piel como un manto, María.
Yo arrojaré tus ojos a los perros.
Yo buscaré tus besos, y vendrán los gusanos.
Yo les diré a los pájaros:
"Comed de ella. Llevad mar adentro sus pechos,
sus labios, sus rodillas, su corazón partido.
Decidlo desde el aire: -María es una estrella.
-María es una copa. Tomad de ella, y bebed".

Oh pájaros, oh fieras mías mentales.
Devolvedme este cuerpo que yo sembré en el aire.
Letras envenenadas, devolvedme este nombre
que yo escribí una noche de infierno en mi cabeza.

Dadme esos ojos de doble filo radiante,
aunque yo preparara sus dos radiantes filos.
Contradicción divina. Huesos de viva muerte,
tus rodillas son rocas para romper las olas.

V

Yo soy el rey. Abridme.
Desde otros reinos vendrán las princesas
para ser degolladas en las blancas alcobas
de mis espejos negros. Yo soy el rey. Abridme.

VI

Eso que no se cura
sino con la presencia y la figura,
esa dolencia me arde y me devora
en este puerto muerto,
todo de sed y espinas coronado.

La mujer es la imagen de toda destrucción.
La razón de los sesos destapada.
La razón. La ficción.
Esa pobre razón.
Oh, déjadla.

Miradla cómo va pisando por el mar.
Llorando por el mar con su sangre marítima.
De compras por el mar. De venta por el mar.
Oh cuánto mar en ruinas.

Oh, cuánto amor en ruinas, masacrado.
Oh virtud y belleza,
tras las vitrinas
de las grandes tiendas.

Pintada por su gran frivolidad,
vedla, ya trágica, ya cínica.
Pintada adentro de su espejo.
Vacía.

Ella duerme en el féretro
que me sirve de almohada.
Dormid con ella, oh todos mis placeres.
Veladla. Desveladla.

Poseedla, placeres inauditos.
Reventadla.

Placeres que he engastado no en diamante,
pero en demente, sí, placeres míos;
rasgadla, devolvedla a sus cenizas.
A su valle perdido.

A su niñez de donde nunca nadie
debió robármela, placeres míos.
A su niñez de trenzas por el bosque:
placeres míos.

VII

Esa gran rueda que te trae los movimientos del fastidio
te paraliza. Es una aguja que te ha cosido el pensamiento
a tu placer. Es una herida
bella y abierta esa gran rueda.
Es una feria de muchachas, desnudas hasta los cabellos.
Amadas hasta el corazón. Es una feria esa gran rueda
pintada por el cáncer solar en tus pupilas.

Pero vienen los pájaros carniceros a oler
el olor reunido de tu amor derramado,
y una ofrece sus pechos de fuego consumido
y otra su rosa y otra su perfume,
y todas sacrifican sus ojos y sus pétalos,
y las aves te traen sus deseos manchados.

De ellos haces dos labios de ceniza.
De ellas haces un límpido torrente circulante.
Allí corre la estrella de tus cinco sentidos.
En esa rueda inmóvil del vértigo absoluto.

 

De La miseria del hombre, 1948

Versiones:
Muchachas
, de Oscuro, 1977.
>>
Desde mi infancia vengo mirándolas, oliéndolas, de Antología de aire, 1991. >>
Rapto con precipicio, de Oscuro, 1977. >>
Rapto con precipicio, de Del relámpago, 1981. >>
Si ha de triunfar el fuego sobre la forma fría, de Antología de aire, 1991. >>