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1.2. MEMORIA,
IMAGINACIÓN, PLASMACIÓN.
Demasiado
se ha escrito y conjeturado sobre el poder de la memoria y la dialéctica
del recuerdo-olvido en la plasmación de una obra, tanto por parte
de filósofos como de psicólogos, clásicos y modernos.
Parece que Mnemosyné, madre de las musas, pide una reflexión
estricta antes de iniciar el estudio de la visión o cosmovisión
propuesta en un sistema imaginario definido; pero no entraremos en el
presente trabajo en la consideración del arte de la memoria, tal
como viene siendo estudiado desde Horacio y Quintiliano hasta Frances
Yates, investigadora inglesa que ha tocado en profundidad este problema
que tanto parece interesar a los teóricos de hoy para iluminar
el proceso creador.
Queremos,
en cambio, dejar claro que el núcleo mnémico tan próximo
a la poética del instante, como dice Bachelard, opera apreciablemente
en esta lírica que nos ocupa, aunque no se trata de un caso singular
o exclusivo entre otros altos poetas de América Hispana, pero sí
de un caso sobresaliente, y guarda relación con su temple. Un dato
mínimo para ilustrar esto último. En relación con
su registro memórico, que llega al virtuosismo, conocemos un texto
suyo (1) donde confiesa:
Los dioses
me dieron el prodigio mnémico y desde muy niño tomé
conciencia de ello. Así cuando profesores y compañeros
de aula exageraban con admiración lo que llamaban mis talentos
-harto míseros por lo demás- les decía con humor:
inteligencia es mucha palabra, no hay nada de eso en mí. Lo que
pasa es que soy un memorión -un memorioso habría dicho
Borges-, y el ángel de la memoria me acompaña. Además
lo cultivo con aceite.
Por
nuestra parte conocemos el desafío de esta verdadera cámara
memorioso suya. En reuniones por ahí, entre familiares y amigos,
los ha deslumbrado a todos con el rescate sin un error de capítulos
de Cervantes o escenas enteras de Lope, de párrafos vivos de libros
increíbles que leyera a los diez años, o a los veinte, o
a los cuarenta; de situaciones remotas, de nombres aparentemente perdidos
en el laberinto de las fechas.
Pensamos
que esta disposición de su talante ha favorecido en él,
en cuanto poeta, el tratamiento del tiempo como una circularidad incesante
asumiendo lo, inmediato y lo remoto en un solo juego. Son incontables
sus textos en los que se cumple esa instantaneidad reveladora. Es lo que
Octavio Paz (2)
ha llamado la consagración del instante, al enfocar el poema como
tiempo arquetípico, idea tal vez explorada en el libro de Gaston
Bachelard La intuición del instante, publicado la primera
vez en las ediciones Stock de París, en 1932.
Siempre
nos ha parecido cautivante el tiempo vertical en Rojas, lo inmóvil
de él tan próximo a cierta estabilidad esencial, en el curso
de los cincuenta años de su obra, y la fidelidad que mana de ello.
Fidelidad a lo oscuro y no repetición por la repetición,
como dice en la tercera estrofa de "Numinoso", primer poema de su libro
Oscuro:
Míseros
los errantes, eso son nuestras sílabas: tiempo, no
encanto, no repetición
por la repetición, que gira y gira
sobre
sus espejos, no
la elegancia de la niebla, no el suicidio:
tiempo,
paciencia de estrella, tiempo y más tiempo.
No
somos de aquí pero lo somos:
Aire y Tiempo
dicen santo, santo, santo.
También
él, como Baudelaire, de quien tanto aprendiera en su mocedad, parece
haber inmovilizado el tiempo en el vaivén pendular del horror de
la vida y el éxtasis de la vida. (3)
Allí
corre la estrella de tus cinco sentidos
en esa rueda inmóvil del vértigo absoluto.
dice al cerrar
uno de sus primeros poemas, en 1946.
Esta
idea arquetípica del tiempo como "paciencia de estrella" se enlaza
de modo necesario con su ejercicio mismo de plasmación de su discurso
poético.
Él
mismo se ha autoestimado poeta larvario y lentiforrne para aludir a su
oficio memorioso, en el que funciona el proceso largo, la mora y la demora.
"Impaciente en casi todo", ha dicho en alguna entrevista, "menos en el
oficio ciego de poetizar". Al aceptar el carácter germinante de
su trabajo -en una germinación que no termina, según sus
palabras- se nos aclara parcialmente uno de los mecanismos más
discutibles en la dispositio de sus libros; nos referimos a ese
proyecto de circularidad que lo lleva a incluir en un volumen suyo determinado,
recién aparecido, algunos textos ya entregados en títulos
anteriores, como para desafiar la linealidad de una construcción
tras otra. El crítico Gonzalo Sobejano ha querido despejar este
ejercicio de aspecto arbitrario cuando afirma, después de hacer
una descripción física del poeta:
Sesenta
y tantos años, estatura mediana, escaso pelo gris o blanco, bigotillo
tan ligero que se duda si está o no sobre sus labios, bondadosos
y algo sensuales. ¿Cierto parecido -leve- con el Dámaso Alonso
de hacia 1960? No sólo en la fisonomía, sino quizá
también en algún asomo de timidez (sin ira), en comprensivos
modos de sonreír y en el buen timbre y el buen tono de la voz
para leer poesía con una confección emocionante.( ...
)
Los libros
de Gonzalo Rojas son pocos y óptimos (...)
Esta poesía
es una autoantología en formación perpetua, dentro de
la cual, según el lugar de publicación y sobre todo según
el tiempo de la misma y la sazón del poeta, éste quita,
pone, reordena. A Gonzalo Rojas no le importa la cronología de
los textos: un poema de 1940 sucede a otro de 1960, y no pasa nada.
O pasa algo: pasa que queda probada la actualidad de toda poesía
alta; y pasa que -si se mira a las fechas- un poema de ayer resulta
vivificado por otro de hoy, o éste por aquél. Savias comunicantes
(4).
Como
para confirmar la tendencia acronológica de esta poesía,
el sin tiempo de ella que llega a cierta fijeza vertiginosa, Sobejano
invoca más adelante a Mallarmé: "Il faut toujours couper
le commencement et la fin de ce qu'on écrit. Pas d'introduction,
pas de finale" (5).
Quisiéramos
abrir aquí un paréntesis para señalar que el ensayo
de Sobejano que hemos venido citando apareció en un número
de estudios monográficos dedicados a la poética de Gonzalo
Rojas publicado con la ayuda del "Fondo en Memoria de Charles Phelps Taft",
Universidad Cincinnati. Su editor, Enrique Giordano (6),
presenta así al autor:
Entre nuestros
escritores del siglo veinte, Gonzalo Rojas surge lentamente desde el
silencio, sin tratar de imponer ni oficializar su discurso poético.
Su honesta y rigurosa devoción por la poesía le ha hecho
desdeñar por completo el aplauso fácil, la conquista de
la crítica establecida y todo intento extrapoético de
alcanzar la fama y el éxito editorial. (...) Un estricto compromiso
con su labor creativa le ha llevado a la mayor concentración
posible y a la máxima autocrítica. Sin embargo, un poeta
que no se somete al discurso oficial del poder (sea éste cual
sea) no conquista el apoyo inmediato de los críticos, académicos
y dueños del mercado literario. En consecuencia, a sus setenta
años de poesía, los estudios críticos sobre su
obra son mínimos, Pese a que Gonzalo Rojas es, sin duda alguna,
uno de los poetas más importantes de la literatura hispanoamericana
contemporánea. Más aún, su desconfianza infinita
hacia todo partidismo y a toda etiqueta literaria fácil, le ha
negado el apoyo institucional y académico que tanto favoreciera
a otros.
Pero
todo esto no ha preocupado en absoluto a nuestro poeta y nos alegrarnos
d que así sea. Su poesía ha ido creciendo íntegramente,
sin concesión alguna, y su influencia ha sido tal vez la más
significativa en nuestros escritores más jóvenes...
Otra
idea que coincide con la de Sobejano es la propuesta por Juan Loveluck
(7) en uno de sus
estudios sobre el poeta chileno. Observemos las líneas pertinentes:
Los términos
'constancia' e 'insistencia', indirectamente proponen que me refiero
a un cuerpo orgánico de poesía, signado por una fuerte
unidad de imaginación, como la de Gonzalo Rojas: ésta
es un poderoso sistema cohesivo de signos líricos, de signos
expandidos que son poemas, de poemas que forman una construcción
dotada de potencias originales de alfabeto propio: este Congreso de
Berlín se reúne para reconocer tal individualidad lírica
como una de las sobresalientes en el mundo hispánico, hoy.
Mirada
esa construcción poética como un todo orgánico
(organicidad que refuerza desde dentro de los poemas el hecho de que
tras La miseria del hombre Gonzalo no ha hecho sino escribir
otras 'miserias del hombre'), parece fácil -y no lo es- precisar
con real acucia sus leyes de construcción y de crecimiento. Resulta
más complejo el esfuerzo en el caso de nuestro poeta, nacido
en 1917 -los lutos del funeral dariano estaban frescos y reciente la
horrible marmolina de la tumba en León-, porque accede a la creación
poética en los alrededores de 1940, en un momento coral de la
lírica chilena: se oyen voces poderosas: Pablo de Rokha, Pablo
Neruda, Gabriela Mistral, Juvencio Valle, Rosamel del Valle, Julio Barrenechea,
Ángel Cruchaga Santa María, Vicente Huidobro... ¡Qué
lucha, la de los jóvenes que orillan los veinte años,
para crear una dicción lírica otra y para ser de veras
en sus poemas y no quedarse en meros epígonos!
Advirtamos
cómo coinciden esas palabras del crítico Loveluck con las
del poeta y escritor mexicano José Emilio Pacheco (8)
quien, al comentar el libro Oscuro, señala:
Lo que
modestamente calla Rojas es el problema que se le presentaba al joven
de 1937: no ser Huidobro ni Neruda, no ser De Rokha ni Gabriela Mistral.
Aprendió de todos ellos, nutrió su originalidad en la
más atenta lectura de cada uno. Y así, desde los 20 años,
Rojas no se parece más que a sí mismo.
Por virtud
de su radiante maestría, puede darse el lujo de ser prosaico,
imprecatorio, irónico, elegíaco, erótico, oracular
y cien cosas más sin dejar de ser nunca un gran poeta, aunque
no haya cumplido el requisito para ser considerado como tal: estar muerto.
Pero
¿cómo funciona la memoria en la obra que nos preocupa?; ¿en qué
consiste su singularidad?
Respondemos
inicialmente como lectores suyos desde hace unas tres décadas cuando
empezamos leyendo su primer libro, La miseria del hombre, aquél
que Gabriela Mistral saludara con estas palabras:
"Hace sólo
una semana que tengo su libro. Me ha tomado mucho, me ha removido
y, a cada paso, admirado y a trechos me deja algo parecido al deslumbramiento
de lo muy original, de lo realmente inédito"... (El subrayado
está en el original).
También
nosotros sentimos al descubrir esa voz en nuestra primera lectura, en
la década del 50, el estremecimiento de lo nuevo en el mejor sentido
(eso que la Mistral llama lo inédito) y a la vez lo arcano ininemorial.
Entramos de golpe a un furor poeticus distinto, desmesurado y concentrado
a la vez, huracán y equilibrio al mismo tiempo. Se lee en el Tao
Te Ching (9):'
Existe
un ser caótico, vive con anterioridad al Cielo y la Tierra. Es
silencioso, vacío, solitario e inmutable. Está dotado
de un movimiento giratorio e incesante.
¿Hasta
qué punto Rojas coincide con la iluminación Zen cuando apuesta
su palabra al relámpago?
También
este libro primero del poeta chileno -pese a cierto tremendismo convulsivo-
nos dio una iluminación del vacío que ya en su poema "Al
silencio", que transcribimos a continuación, publicado en Contra
la muerte, nos permitió descubrir la materia visionaria de
este sistema poético:
Oh voz,
única voz: todo el hueco del mar, todo el hueco del mar no bastaría
todo el hueco del cielo, toda la cavidad de la hermosura no bastaría
para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.
Vale
señalar que entre este texto escrito en 1949 y "El alumbrado",
en 1987, aparece muy patente la iluminación en la órbita
del zen, aunque nos consta que el autor ni en la primera pieza ni en la
segunda tuvo un conocimiento de la disciplina oriental. Asimismo, y a
propósito de "A] silencio", es bueno observar lo que ha precisado
D.T. Suzuki:
Algunos
filósofos y teólogos hablan del "Silencio" oriental en
contraste con el "Verbo" occidental, que se convierte en "carne". No
entienden, sin embargo, lo que Oriente realmente quiere decir con su
"silencio", porque no se opone al "verbo", es el verbo mismo, es el
"silencio atronador" y no el que se sumerge en las profundidades del
no-ser, ni se absorbe en la indiferencia eterna de la muerte. El silencio
oriental se parece al ojo del huracán; es el centro de la furiosa
tormenta y sin él no es posible ningún movimiento. Extraer
este centro de inmovilidad de lo que lo rodea es conceptualizarlo y
destruir su significado. El ojo es lo que hace posible el huracán.
El ojo y el huracán constituyen juntos la totalidad.
Dice
Carl Gustav Jung (11)
que hay dos modos de creación: el psicológico y el visionario;
el primero de los cuales se funda en vivencias intensas cuya materia entra
en la órbita de una psicología patentizable:
la pasión
y su suerte, el destino y los sufrimientos que acarrea, la naturaleza
eterna, sus belleza y sus horrores
mientras
en el segundo, el modo de creación visionario:
la materia
o la vivencia que sirve de contenido a la plasmación no es nada
conocido, es una entidad extraña, de naturaleza recóndita,
como surgida de los abismos de tiempos prehumanos, o de mundos sobrehumanos
de luz o de sombra, una protovivencia ante la que la naturaleza humana
casi sucumbe por debilidad y perplejidad.
Distingue,
entonces, según vemos, entre las vivencias de primer plano que
dan origen a su llamado tipo de creación psicológica, de
aquellas otras que permiten mirar o vislumbrar el caos, como diría
Novalis.
Así
ofrece Jung una distancia entre cierta visión psicológica
y lo que llama la visión visionaria, transida de asombro, admiración,
desconcierto y hasta aversión algunas veces. Justo esto último
fue lo que experimentamos al leer por primera vez La miseria del hombre.
La
gran poesía, para Jung (12),
sobrepasa al inconsciente personal y toca el inconsciente colectivo, por
eso "mana del alma de la humanidad y no puede explicarse verdaderamente
intentando reducirla a factores personales".
Por
último, y en cuanto a la plasmación de esta palabra, el
mismo poeta se ha encargado de establecer que en plena mocedad recibió
el doble influjo, simultáneo, de la clasicidad y la modernidad,
lo que parece haber contribuido al rigor del incesante aprendizaje y a
la eficacia expresiva que dice Pound: "la máxima concentración
en el mínimo de palabras". O lo que afirma Confucio, leído
por Rojas a sus veinte años y repetido de memoria por él:
Si el lenguaje
no es exacto, lo que se dice no es lo que se piensa; si lo que se dice
no es lo que se piensa, las obras no llegan a existir; si no llegan
a existir las obras, no prosperan la moral ni el arte; si la moral y
el arte no prosperan, no acierta la justicia; si la justicia no acierta,
el pueblo no sabe dónde poner su mano y su pie. Así, pues,
no se tolere arbitrariedad alguna en las palabras. Esto es todo lo que
interesa.
Poesía
e historia, en fin, ¿cómo situar a un poeta frente a la
historia? Porque, quiérase o no, funciona en él el testigo,
aunque Paul Celan -de visión y ejecución a veces coincidente
con la de Gonzalo Rojas, según propone Eberhard Geisler- (13),
afirme por su parte que nadie atestigua a favor del testigo. No vamos
a confundir el yo biográfico con el yo poético ni el modo
de creación psicológico con el modo de creación visionario,
pero visionario y todo no hay poeta sin humus, y lo inconsciente
y lo biográfico se atan en una sola urdimbre. No es que el poeta
deba ser un cronista, como dijo alguna vez Neruda, pero poesía
y vida se imantan sin cesar. Poesía y conducta, como insiste una
y otra vez el mismo Rojas.
Carl
Gustav Jung en el prólogo de su conocido libro Recuerdos,
sueños, pensamientos (14)
sostiene que todo se toca con lo autobiográfico en el proceso
de la creación y explica qué es lo que realmente merece
ser recordado:
Mi vida
es la historia de la autorrealización de lo inconsciente... Lo
que se es según la intuición interna y lo que el hombre
parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo
mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida
con mayor exactitud que la ciencia... Así, pues, me he propuesto
hoy, a mis ochenta y tres años, explicar el mito de mi vida...
En el fondo sólo me parecen dignos de contar los acontecimientos
de mi vida en los que el mundo inmutable incide en el mutable. De ahí
que hable principalmente de los acontecimientos internos. A ellos pertenecen
mis sueños e imaginaciones...
Quizá
debiéramos deslindar aquí la diferencia entre historia objetivable
y sujeto reminiscente. La memoria es un fenómeno privado, la historia
es una ciencia social, nos explica por su parte Pierre Nora (15)
cuando nos habla de los loci memoriae, "les lieux de mémoire",
los llama él en francés, por no tener el término
un equivalente en la traducción inglesa. Uno de estos "lugares
de memoria" es -dentro del desarrollo humano- la niñez. Debe haber
una gran tensión de infancia en el fondo de nuestro ser, dice Bachelard,
para que la rememoración de un poeta nos haga revivir nuestros
recuerdos y re-imaginar nuestras vivencias.
Entremos
a la niñez del poeta, como una de sus claves cardinales, y no olvidemos
que él mismo en su discurso de Berlín del 88 nos dijo estar
viviendo una reniñez por encima de los 70.
Pensamos
que en el caso de la poesía de Rojas los dos modos de creación
propuestos por Jung funcionan y se imbrican, como ocurre con otros poetas,
y hasta es posible descubrir una dimensión autobiográfica
al fondo de sus textos visionarios. Como hemos hablado de que la vivacidad
mnémica en él opera en su trabajo, se justifica que pasemos
a una exploración de algunos de sus ciclos vitales distribuidos
en las siete décadas de su existencia. Registraremos así
algunas particularidades de su temple -vivencias, recuerdos, obsesiones-,
en esas diversas instancias.
SISIB
y Facultad
de Filosofía y Humanidades -
Universidad de Chile
Notas
1.-Gonzalo
Rojas, "Chile, país vivido" (pp. 28-37) en El cono sur,
dinámica y dimensiones de su literatura. Actas del Congreso sobre
Literatura del Cono Sur en Montclair State College, Ediciones del Norte,
USA. 1984.
cerrar
2.-Octavio
Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, México,
1982,
p. 188.
cerrar
3.-"La
vuelta al mundo", La miseria del hombre.
cerrar
4.-Gonzalo
Sobejano, "Gonzalo Rojas: alumbramiento" pp. 63-69, en Poesía
y poética de Gonzalo Rojas, Enrique Giordano, Editor, Monografías
del Maitén, Santiago, de Chile, 1987.
cerrar
5.-Stéphane
Mallarmé, Propos sur la poésie, Monaco-Ville, 1953, p. 42,
citado por Gonzalo Sobejano. Op. cit.
cerrar
6.-Enrique
Giordano, prólogo del Editor", Op. cit. Por parecemos de interés,
nos permitimos transcribir aquí la Tabla de Contenido de este número
de homenaje:
Prólogo
del Editor.
- Ramón Riquelme: Historia de un juglar.
- Jaime Giordano: Homenaje.
- Raúl Barrientos: Piano con puñal y espejo al frente.
PRIMERA PARTE:
Selección de estudios anteriores.
- Jorge Elliott: Sobre Gonzalo Rojas.
-Alfredo Lefebvre: "Al silencio": análisis e interpretación.
-José Olivio Jiménez: Una moral del canto: el pensamiento
poético de Gonzalo Rojas.
-Ricardo Gullón: Saludo a un gran poeta: Gonzalo Rojas.
-Guillertno Sucre: Sobre "Al silencio".
-Enrique Lihn: Poetas fuera o dentro de Chile 77. (Fragmentos).
-Floridor Pérez: Para una lectura de la poesía de Gonzalo
Rojas.
-Gonzalo Sobejano: Gonzalo Rojas: alumbramiento.
-Luis Muñoz: Visión con y contra la muerte en Gonzalo Rojas:
para una poética.
SEGUNDA PARTE:
Entrevistas.
-Pacián Martínez: Rehallazgo de Gonzalo Rojas.
-José Olivio Jiménez: Fidelidad a lo "oscuro":
conversación con Gonzalo Rojas.
-Edgar O'Hara: Gonzalo Rojas en el torreón del Renegado.
-Anamaría Maack: Gonzalo Rojas: diálogo en la cordillera.
-Miguel Ángel Zapata: Gonzalo Rojas: entre el murmullo y el estallido
de la palabra.
TERCERA PARTE;
Nuevas contribuciones críticas.
-Peter Earle: Breton y Rojas, hacia la plenitud.
-Randolph Pope: Gonzalo Rojas y la vida real.
-Naín Nomez: La permanencia en lo transitorio: una constante estética
y existencial en Gonzalo Rojas.
-Juan Gabriel Araya: Una clave en el pensamiento poético de Gonzalo
Rojas.
-Pedro López Adorno: Gnosis / logos / ritmo: Notas en torno a la
poética de Gonzalo Rojas.
- Roberto Hozven: Sobre el oficio mayor.
-Marcelo Coddou: Presencia de Quevedo en la poesía de Gonzalo Rojas.
-Daniel Torres: El prosaísmo corno vehículo poético
en "Carbón" de Gonzalo Rojas.
-Nelson Rojas: En tomo a "Almohada de Quevedo" de Gonzalo Rojas.
-Jaime Giordano: Gonzalo Rojas: su diálogo con la poesía
actual.
-Enrique Giordano: Gonzalo Rojas: variaciones del exilio. -Filiación
académica de los colaboradores.
cerrar
7.-Juan Loveluck,
"El espacio como 'abismo' en la poesía de Gonzalo Rojas"
en "Taller Literario con Gonzalo Rojas" 4-5 de noviembre de
1988, Ibero-Amerikanisches Archiv, Neue Folge, Jahrgang 15, Heft 1, 1989.
Nos parece indispensable dejar constancia de que el crítico y profesor
Juan Loveluck, no participó personalmente en este "Taller",
designio que fue propuesto por el mismo poeta para sustituir la palabra
"homenaje", pues eso, y no otra cosa fue lo que organizó
el Dr. Dietrich Briesemeister, Director del Instituto Iberoamericano de
Berlín, para honrar la presencia de Gonzalo Rojas durante su permanencia
allí, como invitado especial del gobierno alemán, durante
el año 1988. El Profesor Loveluck mandó su estudio para
sumarse al homenaje. En los dos días que duró el taller
hubo sesiones de trabajo y discusiones después de la lectura de
cada una de las ponencias. El Instituto iberoamericano dedicó todo
este número de su revista oficial a la publicación de los
estudios sobre la poesía de Rojas. Transcribirnos a continuación
el contenido de las 130 páginas:
- "Simetría del azar. Encuentro con Gonzalo Rojas". Michael
Nerlich, Universidad Libre de Berlín, Alemania.
- "De donde viene uno". Gonzalo Rojas.
- "Presentación de la generación chilena del 38: una
perspectiva de cincuenta años", Dr. Ted Lyon, Brigharn Young
University, Utah, USA.
-"La autoconciencia literaria en la poesía de Gonzalo Rojas",
L. Howard Quackenbush, Brigham Young University, Utah, USA.
-"Del espíritu de posmodernidad en la poesía de Gonzalo
Rojas", Estrella Busto Ogden, University of Villanova, Pennsylvania,
USA.
- "Epitafio' y epitafios en la obra de Gonzalo Rojas". Dieter
Janik, Gutenberg-Universität, Alemania.
- "Física y metafísica en Gonzalo Rojas: 'La viruta'
". Neison Rojas, University of Reno, Nevada, USA.
- "El espacio como 'abismo' en la poesía de Gonzalo Rojas".
Juan Loveluck, University of South Carolina, Colunibia, USA.
- "Los poemas redivivos de Gonzalo Rojas o la vigilancia de la palabra".
Marcelo Coddou, Drew University, Madison, N. J., USA.
- "Sobre la poesía de Gonzalo Rojas y su relación con
Paul Celan". Eberhard Geisler, Eriangen Universitát, Erlangen/Nümberg,
Alemania.
- "Crónica de una convivencia: selección y traducción
de Esquizotexto y otros poe-mas de Gonzalo Rojas". Russell M. Cluff,
Brighain Young University, Utah, USA.
cerrar
8.-José
Emilio Pacheco, citado en El Mercurio, Santiago de Chile, 13 de abril
1980. El texto original, "Oscuro de Gonzalo Rojas", fue publicado
por Pacheco en Vuelta, núm. 8, julio 1977, pp. 39-41.
cerrar
9.-Lao-Tsé,
La gnosis taoísta del Tao Te Ching, párrafo 25, Ediciones
OÑA, Burgos, 1961.
cerrar
10.-D.T.
Suzuky y Erich Fromm, Budismo zen y psicoanálisis. Fondo de Cultura
Económica, México, 1987.
cerrar
11.-Carl
Gustav Jung, "Psicología y poesía", en Ermatinger
y otros, Filosofía de la ciencia literaria, Fondo de Cultura Económica,
México, 1946.
cerrar
12.-Carl
Gustav Jung, Op. cit.
cerrar
13.-Eberhard
Geisler, "Sobre la poesía de Gonzalo Rojas y su relación
con Paul Celan". En Giordano, Op.cit.
cerrar
14.- Carl
Gustav Jung, Recuerdos, sueños, pensamientos, Ed. Seix Barral,
Barcelona, 1966. Esta obra es la autobiografía del autor. Nunca
se ha incluido en sus obras completas por disposición suya testamentaria.
cerrar
15.- Pierre
Nora, "Between Memory and History: Les Lieux de Mémoire".
Representations, 26. (Spring 1989), pp. 7-25.
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